El ruido ha inundado nuestra vida diaria. El extraordinario desarrollo de las sociedades industriales durante todo el Siglo XX, unido al enorme avance científico y técnico y a la transformación de muchos de los hábitos de vida social han provocado la aparición de nuevos fenómenos y realidades cuyas implicaciones y consecuencias están aún por manifestarse completamente y para las cuales todavía hoy no se ha procurado un análisis detenido y adecuado a su importancia. Junto a las mejoras en los procesos de producción y el progreso en el bienestar social, también se han generado nuevos problemas. Fundamentalmente el del riesgo de daño que este mismo desarrollo tiene para diversos bienes jurídicos protegidos y, de manera especial, para los de la salud pública y el medio ambiente. En este sentido, es constatable que la industrialización exacerbada y el avance de la sociedad tecnológica provoca perjuicios y peligros de enorme calado tales como la contaminación de mares, ríos y, en general, de todo el ciclo hídrico, la desaparición de la capa de ozono, las intoxicaciones alimentarias, la aparición de nuevas enfermedades para el hombre, los problemas de la ingeniería genética, etc.
Pues bien, incluido dentro de estos nuevos problemas que ha traído el desarrollo industrial y el paralelo desarrollo social se encuentra el de las emisiones de ruido. Es cierto que la generación de ruido es una realidad que ha acompañado a todas las sociedades a lo largo de la historia y que, por tanto, es un fenómeno conocido. Lo novedoso ahora es el incremento exacerbado de los niveles de ruido a los que cotidianamente tiene que hacer frente el ciudadano medio. Y a este respecto, es una evidencia el aumento del mismo provocado por las industrias, el tráfico de vehículos y motocicletas en las ciudades y carreteras, los aeropuertos, los ferrocarriles, los nuevos aparatos o electrodomésticos (teléfonos, aire acondicionado, extractores de humo, etc.), el gentío y la música de los lugares de ocio diurno y nocturno, etc.
Como dice el Libro Verde de la Comisión Europea, las acciones de los gobiernos en relación con el ruido ambiental han sido menos prioritarias que las aplicadas para solucionar otros problemas, como pueden ser la contaminación atmosférica y del agua, a pesar de que las encuestas de opinión muestran que el ruido se considera una de las principales causas de la disminución de la calidad de vida.
Dado que se ha calculado que alrededor del 20de los ciudadanos están expuestos a niveles de ruido que los científicos y profesionales de la salud consideran inaceptables, que molestan a la mayor parte de las personas, que perturban seriamente el sueño y que, incluso, se teme que provoquen efectos nocivos en los sistemas cardiovasculares y psicológicos.
Esta falta de preocupación por el ruido, puede explicarse en parte porque los responsables de tomar decisiones no son conscientes de los problemas o no están familiarizados con los efectos del ruido, que no son espectaculares, es decir, EL RUIDO NO ES CATASTROFICO, SINO INSIDIOSO. Otra posible explicación es que el ruido es fundamentalmente un problema local, que adopta formas muy variadas en diferentes lugares en cuanto a la aceptación del problema.