La acústica como una ciencia apareció en el momento en que los sabios de la antigüedad empezaron a diferenciar los sonidos más o menos puros. En el siglo VI antes de nuestra era Pitágoras y sus discípulos observaron que el ruido de los martillos al golpear el yunque, variaba con el peso de los mismos, a partir de este fenómeno, descubrieron que existía una relación entre las cuerdas vibrantes y el tono de los sonidos que emitían. Alrededor del año 330, Aristóteles estudió el fenómeno del eco, explicándolo debido a la reflexión de los sonidos; más tarde Heron de Alejandría enseñó que los sonidos son vibraciones longitudinales que se propagan a través del aire. Al principio de nuestra era, Lucio Anneo Séneca añadía que dicha propagación, solo era posible gracias a la naturaleza elástica del aire; por último, en el siglo XI Claudio Ptolomeo reunía en sus “Armónicos”, todos los conocimientos adquiridos hasta entonces sobre esta materia, explicando que los sonidos se producían principalmente como consecuenciade los choques y del rápido movimiento vibratorio que de ellos resultaba.
En el curso de los siglos posteriores, la Acústica apenas progresó, hasta que en 1638 Galileo Galilei le dio un nuevo impulso, poniendo de manifiesto que el tono depende de la frecuencia de las oscilaciones que originan los sonidos, de la masa de cuerpo vibrante, de la longitud y de la tensión a la que está sometido, descubriendo también que las cuerdas pueden vibrar por resonancia, estudiando las ondas estacionarias. El Abad francés Pierre Gasseus observó que la velocidad de propagación de los sonidos, es siempre la misma, independientemente de que estos sean débiles o fuertes y cualquiera que sea su timbre. Por la misma época otro religioso francés, Marín Mersané, alumno de Galileo, determinó la frecuencia de las distintas notas, indicando las principales propiedades de los tubos sonoros, descubriendo a su vez que las cuerdas al vibrar a su propia frecuencia dan simultáneamente, armónicos superiores al fundamental. De forma análoga estudió el “eco”, intentando medir la velocidad de propagación del sonido en el aire, determinando el tiempo transcurrido entre su emisión y la recepción del mismo, los resultados obtenidos fueron imprecisos, como lo fueron también los que obtuvo la Academia de Florencia en 1660.
En la segunda mitad del siglo XVII se aclararon los conocimientos sobre las ondas sonoras y su propagación, considerándolas como un movimiento ondulatorio, pero antes la Acústica se enriqueció con las valiosas aportaciones contenidas en la “Misurgia universalis” publicada en 1650, y la "Phonurgia” en 1673, obras del jesuita alemán Atanasio Kirche. De esta forma llegamos al año 1683, en el que Newton se encuentra en posesión de los elementos que permiten calcular la velocidad del sonido en función de la densidad, y de otras características del medio a través del cual se propagan las ondas sonoras. Mientras tanto, Huygens explicó la base común entre los fenómenos luminosos y sonoros, en ambos casos explicó, que trata de vibraciones longitudinales del medio, éter en el caso de la luz y partículas elásticas en el caso del sonido. A su vez el físico alemán O.Von Guerike descubrió un hecho fundamental, agitando una campanilla en el interior de una campana neumática, demostrando que el sonido, contrariamente a lo que ocurre con la luz, no se propagaba por el vacío, escapándosele la conclusión lógica de este experimento, siendo Boyle quien posteriormente, atribuyó la propagación de los sonidos a la elasticidad del aire. En 1706 Stancari recurrió a una copia directa del invento de R. Hooke consistente en una rueda de una sierra rotativa, contra la que estaba aprisionado un junco, demostrando que la frecuencia se podía calcular a partir del número de Teeth y de la velocidad de rotación. Posteriormente, en 1830, L. Savart usó la rueda para determinar la frecuencia de un sonido.
La velocidad del sonido se estudió de nuevo por una comisión de la Academia Francesa en 1738, obteniendo unos resultados de 580,31 m/s a 0º C. La medida indirecta de la frecuencia se revisó por J. Robinson, quien construyó una sirena que producía tonos musicales de frecuencia variable.
En comparación con lo adelantado en el siglo XVIII, el avance del siglo XIX fue enorme, siendo apreciado todo esto por James Loudon en año 1901. El profesor Loudon vio que el primer avance significativo fue el trabajo de Chladni en 1802 determinando el tipo de onda de los cuerpos vibrantes, para lo cual utilizó un experimento que consistía en hacer vibrar con un arco de violín unas placas espolvoreadas con arena fina, obteniendo unas figuras sonoras que indicaban la localización de los nodos y vientres, basándose en estas figuras para explicar la propagación de los sonidos en los sólidos, aunque no logrando sus propósitos por falta de conocimientos teóricos. También realizó experimentos sobre las vibraciones longitudinales y transversales de varillas, barras y láminas. Estos estudios interesaron a Wheanstone, quien en 1833 obtuvo una teoría que explicaba las líneas nodales cuya existencia se debía a las superposiciones de vibraciones trasversales. En 1807 T. Young registró las vibraciones de los sólidos, así como las de las cuerdas vibrantes, determinando con anticipación el principio del fonógrafo, mediante el cual se puede medir sin dificultad las frecuencias de las vibraciones de los cuerpos sonoros, estas vibraciones permiten también de una forma sencilla medir intervalos de tiempo.
En 1857 E. Scout obtuvo el fonoautógrafo, que consistía en un brazo terminado en un diafragma flexible, por medio de un medidor de nivel, mediante un punzón que se movía al unísono con un movimiento del diafragma, registrando el movimiento de vaivén en una superficie. Este fue el primer empleo de un diafragma para recoger el sonido, a partir de entonces, los diafragmas han jugado un papel importante, en todas las medidas acústicas. Aproximadamente en este mismo año Leconte descubrió accidentalmente la “llama sensible”, que daba un procedimiento no muy preciso para determinar la intensidad de las ondas sonoras. Una llama sonoro sensible se produce al girar un chorro de gas, hasta que la llama está justo debajo del punto de inestabilidad, la perturbación del aire alrededor del chorro producido por una onda sonora rompe la línea de movimiento del aire, resultando una modificación en la forma de la llama que se ve afectada en gran medida por los cambios de intensidad en la onda. Durante la exposición que se celebró en Londres en 1862 R. Koenig presentó una colección de fonogramas que representaban sus trabajos de perfeccionamiento del fonoautógrafo de Scot. El Kaleidófono fue inventado por Wheanstone en 1827, que consistía en un método óptico para el estudio de los movimientos vibratorios mediante las curvas obtenidas al componer dos movimientos vibratorios perpendiculares, el que más contribuyó al desarrollo de este invento fue Lissanjous mediante su libro “Memoria sobre el estudio óptico de los movimientos vibratorios”; a través de este método se puede determinar con precisión la diferencia de fase de los dos movimientos vibratorios. El primer procedimiento óptico para determinar la resistencia de una onda sonora fue descrito por Biot en 1820 y desarrollado posteriormente por Kundt en 1864 y Mach en 1872. El segundo procedimiento, también óptico, se debe a Toepler y Boltzman, dado a conocer en 1870, este consistía en producir franjas de interferencias por combinación de dos rayas luminosas intermitentes, originadas por un solo foco luminoso, una atravesaba el aire en estado normal y la otra a través de un punto nodal de una columna de aire en estado vibratorio.
El movimiento de las bandas de interferencia era un movimiento que se podía hacer lento o rápido, dependiendo de la longitud, pudiéndose medir el movimiento del aire en un punto nodal mediante un procedimiento estroboscópico. En 1819 se inventó la sirena de Cagniar de la Tour, mediante la cual se puede medir directamente el número de vibraciones de los sonidos. La forma actual de la sirena se debe en primer lugar a los trabajos de Seebek en 1841 y también a los de Koenig en 1867, quién publicó un estudio sobre sus experimentos en 1881. En 1882 Rayleigh daba a conocer un nuevo instrumento de precisión por el inventado y que permitía medir la resistencia de una onda sonora, el denominado disco de Rayleigh. Loudon hizo un resumen sobre los avances realizados en el siglo XIX, utilizándose todos estos instrumentos para medir la velocidad de las partículas, las cualidades del sonido, velocidad del sonido, etc. Loudon describió con detenimiento las investigaciones de Victor Regnault, quien entre 1860 y 1870 determinó la velocidad del sonido haciendo uso de procedimientos eléctricos y un método gráfico para medir los intervalos entre la emisión sonora y su recepción en un punto distante. La primera norma sobre el tono fundada por el Gobierno francés en 1859, como 435 Hz a 201C. Lissanjous preparó su norma así como Koenig quien construyó un tonómetro universal, que acabó en 1867, con una gama desde 16 Hz a 90 kHz. Koenig usó su tonómetro como fuente sonora para determinar los límites de audición en el aire, llegando a la conclusión de que los mismos estaban en función de la intensidad del sonido, situados alrededor de 13 Hz y 17,5 Hz. Hemholtz demostró que si la frecuencia de un sonido es muy baja (fundamental acompañado de una serie de armónicos), la frecuencia fundamental puede resultar inaudible por si misma, mientras que los armónicos se oyen distintamente.
En el siglo XIX W. H. Eccles de acuerdo con los avances de la electricidad y de la acústica, descubrió el micrófono, el tubo amplificador de vacío, la producción de ondas sonoras, los filtros y la teoría matemática de los circuitos eléctricos, así como la propagación de las ondas electromagnéticas, siendo esto la base de la acústica moderna. Hasta 1916 solo se habían utilizado cuatro métodos para determinar de una forma absoluta la intensidad acústica:
a) El método de las placas de Rayleigh, para determinar la velocidad vibratoria de una onda.
b) El método de medida del incremento de presión de una pared reflectante de acuerdo con la teoría de Rayleigh, y las técnicas experimentales de Altberg.
c) El método de medida de la presión acústica.
d) Variaciones del método haciendo uso de la interferencia óptica.
A pesar de que el teléfono se inventó en 1876, hasta 1908 no se publicó un informe sobre la medida relativa de la intensidad acústica por equipos electrónicos. En 1913 Taylor en su búsqueda por encontrar un método de medida de la intensidad del sonido, estudió todos los trabajos, incluyendo los receptores telefónicos, los galvanómetros de campos fuertes y débiles, etc. Arnold y Crandall fueron los primeros que introdujeron los instrumentos de medida modernos dentro de la acústica en 1917, estos contribuyeron a su vez con el termófono, que es un transductor termoelectroacústico que sirve como norma para la presión acústica. Wente contribuyó con un micrófono electrostático con una ancha gama de frecuencias, buena estabilidad y la posibilidad de poder calibrarlo fácilmente con un termófono.
En el siglo XX se inventó el auricular, en 1920 los auriculares de alta fidelidad fueron constantes en su respuesta sobre los 4.000 Hz, el ajuste de estas unidades hizo que el altavoz y otros instrumentos fueran de gran valor par los experimentos acústicos. Al final del siglo XIX Sabine realizó el primer estudio del sonido en auditorios, introduciendo las medidas para determinar la absorción y transmisión del sonido en los límites de un recinto. En 1921 Kennelly y Kurokawa estudiaron un método para la medida de la impedancia acústica usando el principio de la reacción acústica de las vibraciones sobre un diafragma.
El desarrollo de los instrumentos de medida de ruido ha alcanzado un nivel muy alto, debido al serio problema que plantea en la sociedad moderna los elevados niveles de ruido que produce una sociedad tan tecnificada. Durante la segunda guerra mundial, la acústica submarina experimentó una gran actividad, apareciendo un gran número de laboratorios, protegidos por los gobiernos, para investigar los problemas acústicos asociados con operaciones militares submarinas.